martes, 22 de agosto de 2017

Sentar un precedente

Hace unos días conocí a una persona con psoriasis. Al verle las manos me causó cierta impresión, tenía las uñas largas y medio desgarradas, en muy mal estado.

Pensé cómo tendría que ser el día a día de esta persona, especialmente teniendo en cuenta que su trabajo era comercial visitando clientes todos los días, dándoles la mano, imposible no mostrarlas. Las personas que salen adelante y se abren camino en tales circunstancias son dignas de admiración.

Me pregunto si Cristo tenía psoriasis en las manos...

A esto alguien podría argumentar de esta forma: ¿por qué tendría que tener psoriasis y no ELA (esclerosis lateral amiotrófica) o depresión...?

No es razonable pretender que Cristo hubiera tenido que padecer todas y cada una de las enfermedades conocidas....

¿Por qué tuvo que ser un hombre en lugar de una mujer? ¿Por qué blanco y no negro, indio o asiático?

¿Cómo sería hoy occidente si Cristo hubiera tenido rasgos asiáticos, ojos achinados, tez cetrina,...? ¿Y si hubiera sido mujer en lugar de hombre...?

miércoles, 2 de agosto de 2017

La enfermedad


A veces me llaman la atención hechos como, por ejemplo, que durante la guerra Crimea, que tuvo lugar a mediados del siglo XIX y en la que se enfrentaron Gran Bretaña, Francia y Turquía con Rusia, morían de cólera más soldados que por las balas, los sables y las bombas. 

Retrospectivamente, 170 años después, es fácil proponer soluciones, hoy evidentes, a tales problemas. 

Dentro de 20, 30 o 50 años, una vez la humanidad haya encontrado un remedio contra el cáncer, miraremos atrás y nos preguntaremos con gran asombro cómo no fuimos capaces de haber entendido la enfermedad mucho antes y, de esa forma, haber librado a millones de personas del sufrimiento gratuito, físico y emocional, que conlleva. 

Este es el camino de la enseñanza de nuestro Padre del cielo, que nos ama. 

Millones de seres humanos han de padecer enormes sufrimientos y una muerte prematura para que los demás podamos aprender.


jueves, 29 de diciembre de 2016

PEANUTS




Dios, en su inmensa sabiduría y bondad, como hacedor de todo lo que que existe sobre la Tierra y bajo el Cielo, creó los frutos secos (cacahuetes, nueces, pistachos, almendras, pasas,...) y los cereales, alimentos que concentran una riqueza enorme en vitaminas, antioxidantes, aceites omega3, y otros nutrientes fundamentales para el hombre (y para la mujer).

Al mismo tiempo que daba su bendición a los seres humanos con los cacahuetes y con las almendras, hizo alarde de su inmensa bondad concibiendo dos especies de hongos, el Aspergillus flavus y el Aspergillus parasiticus que, entre muchas otras, en su anodina existencia, son las principales especies productoras de unos metabolitos tóxicos llamados aflatoxinas.

Mientras los frutos secos y los cereales han sido un alimento principal de la humanidad desde sus comienzos, las aflatoxinas no fueron descubiertas hasta finales de los años 50, durante una investigación sobre la elevada mortandad en aves de corral por la ingestión de pienso que contenía cacahuete procedente de Sudamérica.

Las aflatoxinas son micotóxicas y carcinogénicas y pueden persistir en el alimento aunque el hongo haya desaparecido.

Se han detectado aflatoxinas en prácticamente todas la zonas del mundo y en casi todos los alimentos de primera necesidad, en mayor o menor medida.

Además, estas toxinas presentan una elevada estabilidad térmica, lo cual favorece que permanezcan en algunos alimentos cocinados y que la congelación no tenga apenas efectos sobre su presencia en los alimentos.

El hígado es de manera constante el principal órgano afectado por la acción tóxica de la aflatoxina. No obstante, dependiendo de la especie animal y la raza, la dosis, la vía de exposición y la dieta de los sujetos expuestos, también se han documentado tumores relacionados con la acción de las aflatoxinas en otros órganos y lugares del cuerpo tales como los riñones o el colon.

Estas son las características de esta toxina según el Centro Nacional de Alimentación del Ministerio de Sanidad español:

• Alta toxicidad / carcinogenicidad
• Toxicidad crónica y más raramente aguda
• Estabilidad térmica
• Electrostáticas
• Ubicuidad
• Naturaleza sumamente heterogénea de contaminación en el campo o en las materias primas.

En 2015 el Ministerio de Sanidad incluía a las aflatoxinas como uno de los mayores riesgos alimentarios en España junto con el mercurio y la Salmonella.

Un buen cristiano podría argumentar que la salmonelosis es una enfermedad aguda y tratable, y no es mortal, mientras que el mercurio en los peces, ya se sabe, el ser humano, malo, que destruye el planeta con sus residuos fruto de una vorágine consumista.

Me pregunto como justificaría un cristiano tanta maldad encerrada en un esquema insidioso como el de las aflatoxinas, un veneno vivo que coloniza de manera invisible los alimentos habituales que necesitan tus hijos para crecer y desarrollarse, tales como la leche, el yogur, los cereales, la carne, las legumbres y los frutos secos, un veneno invisible que pasa de la madre al lactante.

Sólo la mente de una víbora podría concebir tanta maldad. La víbora del Antiguo y del Nuevo Testamento.